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Entradas

El colegio

Llevaban ya dos horas inmersos en el bosque. El sol no tardaría en ponerse. Cuando los chicos comenzaron a perder la esperanza de encontrar aquel temido lugar, un rayo de luz llamó su atención.  Buscaron con la mirada la procedencia de aquel destello topándose repentinamente con el Colegio. Se hallaba cubierto casi en su totalidad por hiedras y plantas trepadoras. Sin pensárselo dos veces entraron en el lugar.  Tenían las piernas empapadas debido a la humedad de las plantas, pero eso no les quitó las ganas de descubrir aquel colegio del que tantos con miedo hablaban. La puerta principal estaba derroída, dejando un gran hueco a través del cual los chicos entraron. En el suelo había multitud de desperdicios: ladrillos, cristales rotos…  –Tened cuidado– advirtió uno de los jóvenes– el techo se puede venir abajo. El resto se rió, ignorando por completo lo que su amigo les acababa de decir. Continuaron su expedición por el colegio abandonado, acompañados por los silbidos que s...

Niño del alma

Mi niñito del alma con miedo reposa llora por su madre a quien verle se antoja. La compañía del temor tan altiva y misteriosa que a todos asusta cava alegrías en fosas. De ahí la pesadilla que con mucho se zanja un pacto con la paz que al poco tiempo se acaba. Lloran reyes y pobres con esa debilidad humana de aquel que sabe que es el final quien le llama.

Color noche

La noche sola dormía nadie quedaba en vilo salvo ellos que al día olvidaban lo vivido. En la oscuridad ocultos desataban sus cadenas luchando contra el nudo que aferraba sus penas. La luna al sol acaricia con dulzura, sin temor desafiando a la inercia que hace caer al telón. Juntas sus almas yacían el frío que fue el calor. Pues a nadie ellos mentían, sabían qué era el amor.                                 Alex Dean.

Lloraban naciones

  Lloraban naciones sometidas al olvido. Gritaban, chillaban por todo lo vivido.   El agua teñida de rojo sangre de tantas almas les impusieron un cerrojo arrancando de cuajo sus alas.   Lloraban naciones hundidas, rotas. Rezaban rogaban, a aquel que de amor dotaba.   Uno tras otro iban cayendo cimientos en polvo transformados esos vacíos de entendimiento provocaron a tantos que lloraron.   Lloraban naciones que la paz perseguían mas ella no daba sus dones a quienes tanto la querían.   Lloraban naciones cada una desolada luchaban, buscaban, una luz que les salvara.                                                                   ...

Aquello

Esa mañana todo se mostraba normal. Las calles como de costumbre estaban vacías, una leve neblina acariciaba el suelo, y un viento punzante arañaba la piel como diminutos cristales. Giré a la derecha, en la calle Olivo. Una sombra diminuta cruzó frente a mí, por un segundo se me paró el corazón, pero resultó ser un gato negro. Todos dirían que eso era un mal presagio, pero peor presagio todavía sería ver a una persona deambulando por estas calles. Me abroché el abrigo hasta el cuello y seguí mi camino. Tras unos largos diez minutos llegué a mi destino, el edificio Marmota, el lugar más emblemático de la ciudad debido a su inmensidad. Se veía incluso desde los pueblos colindantes a las afueras de la misma. En su momento fue un gran centro comercial que contaba no solo con tiendas, sino también con restaurantes, un cine, salas de juego… Sin embargo, ahora, en el subsuelo, estaban los pocos afortunados que no se habían visto devorados por aquello hace más de cinco meses. –Arón– gritó Aur...

Humo de oro

─La vida es algo de lo más incierto, ¿no crees Mr Jones? El joven de rizados cabellos cobrizos la examinó con la mirada y dijo: ─No sé ¿Tal vez? No soy muy de filosofar. Mary no pudo contener la risa y respondió: ─¿Has dicho filosofar? Yo no lo llamaría así, mejor dicho... Pensar, eso es, pensar. Mr Jones se sentó en la silla de su gran escritorio y frente a él la morena mujer con una gran sonrisa. ─Bueno, Mary, ¿se puede saber cuál es el motivo de tu inesperada visita? ─¿Por qué habría de tener un motivo? ¿Acaso crees que las mujeres necesitamos de motivo alguno para pasar a saludar a un amigo? El hombre rió por lo bajo. ─Querida, no generalices, sabes de sobra a lo que me estoy refiriendo. La joven dama encendió un cigarrillo y tras darle una calada y echarle el humo en la cara a Brad Jones, pronunció: ─Es cierto, tú y yo no somos precisamente amigos, y ambos nos ponemos en contacto cuando necesitamos algo del otro, como lo tuyo con tu mujer... Este comentario hizo que Brad torciera ...