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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos

El colegio

Llevaban ya dos horas inmersos en el bosque. El sol no tardaría en ponerse. Cuando los chicos comenzaron a perder la esperanza de encontrar aquel temido lugar, un rayo de luz llamó su atención.  Buscaron con la mirada la procedencia de aquel destello topándose repentinamente con el Colegio. Se hallaba cubierto casi en su totalidad por hiedras y plantas trepadoras. Sin pensárselo dos veces entraron en el lugar.  Tenían las piernas empapadas debido a la humedad de las plantas, pero eso no les quitó las ganas de descubrir aquel colegio del que tantos con miedo hablaban. La puerta principal estaba derroída, dejando un gran hueco a través del cual los chicos entraron. En el suelo había multitud de desperdicios: ladrillos, cristales rotos…  –Tened cuidado– advirtió uno de los jóvenes– el techo se puede venir abajo. El resto se rió, ignorando por completo lo que su amigo les acababa de decir. Continuaron su expedición por el colegio abandonado, acompañados por los silbidos que s...

Aquello

Esa mañana todo se mostraba normal. Las calles como de costumbre estaban vacías, una leve neblina acariciaba el suelo, y un viento punzante arañaba la piel como diminutos cristales. Giré a la derecha, en la calle Olivo. Una sombra diminuta cruzó frente a mí, por un segundo se me paró el corazón, pero resultó ser un gato negro. Todos dirían que eso era un mal presagio, pero peor presagio todavía sería ver a una persona deambulando por estas calles. Me abroché el abrigo hasta el cuello y seguí mi camino. Tras unos largos diez minutos llegué a mi destino, el edificio Marmota, el lugar más emblemático de la ciudad debido a su inmensidad. Se veía incluso desde los pueblos colindantes a las afueras de la misma. En su momento fue un gran centro comercial que contaba no solo con tiendas, sino también con restaurantes, un cine, salas de juego… Sin embargo, ahora, en el subsuelo, estaban los pocos afortunados que no se habían visto devorados por aquello hace más de cinco meses. –Arón– gritó Aur...

Humo de oro

─La vida es algo de lo más incierto, ¿no crees Mr Jones? El joven de rizados cabellos cobrizos la examinó con la mirada y dijo: ─No sé ¿Tal vez? No soy muy de filosofar. Mary no pudo contener la risa y respondió: ─¿Has dicho filosofar? Yo no lo llamaría así, mejor dicho... Pensar, eso es, pensar. Mr Jones se sentó en la silla de su gran escritorio y frente a él la morena mujer con una gran sonrisa. ─Bueno, Mary, ¿se puede saber cuál es el motivo de tu inesperada visita? ─¿Por qué habría de tener un motivo? ¿Acaso crees que las mujeres necesitamos de motivo alguno para pasar a saludar a un amigo? El hombre rió por lo bajo. ─Querida, no generalices, sabes de sobra a lo que me estoy refiriendo. La joven dama encendió un cigarrillo y tras darle una calada y echarle el humo en la cara a Brad Jones, pronunció: ─Es cierto, tú y yo no somos precisamente amigos, y ambos nos ponemos en contacto cuando necesitamos algo del otro, como lo tuyo con tu mujer... Este comentario hizo que Brad torciera ...

Espiral

─¿Aquí otra vez?─ oí decir al camarero al verme entrar por la puerta. ─Sí, aunque me gustaría no estarlo. Entré en lo más profundo del local en busca de mi viejo compañero de juego, Karl, un hombre que o hacía magia, o “suerte” era su segundo nombre. ─¡Mira!─ exclamó─ Si es Marcos. Pensaba que el otro día te habrías dado por vencido─ se burló. ─Si me conocieras un poco, sabrías que yo nunca me doy por vencido. Me senté frente a él, tomé la baraja de cartas que había en el centro de la mesa y la repartí entre ambos. En su rostro asomaba una sonrisa, de esas que muestran que la victoria no es una posibilidad, sino un hecho. ─Bueno, joven. Nunca entenderé por qué sigues haciendo esto, pero no diré que me importune. ¿A quién le molesta ganarse cada noche un buen fajo de billetes? Era cierto que en las últimas partidas él había ganado, pero no podía olvidar el éxito que me llevó a sumergirme en esto. Tenía diecisiete años, necesitaba tener cierta independencia, pero ningún trabajo parecía i...