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Humo de oro


─La vida es algo de lo más incierto, ¿no crees Mr Jones?
El joven de rizados cabellos cobrizos la examinó con la mirada y dijo:
─No sé ¿Tal vez? No soy muy de filosofar.
Mary no pudo contener la risa y respondió: ─¿Has dicho filosofar? Yo no lo llamaría así, mejor dicho... Pensar, eso es, pensar.
Mr Jones se sentó en la silla de su gran escritorio y frente a él la morena mujer con una gran sonrisa.
─Bueno, Mary, ¿se puede saber cuál es el motivo de tu inesperada visita?
─¿Por qué habría de tener un motivo? ¿Acaso crees que las mujeres necesitamos de motivo alguno para pasar a saludar a un amigo?
El hombre rió por lo bajo.
─Querida, no generalices, sabes de sobra a lo que me estoy refiriendo.
La joven dama encendió un cigarrillo y tras darle una calada y echarle el humo en la cara a Brad Jones, pronunció:
─Es cierto, tú y yo no somos precisamente amigos, y ambos nos ponemos en contacto cuando necesitamos algo del otro, como lo tuyo con tu mujer...
Este comentario hizo que Brad torciera el gesto.
─Dijiste que todos los asuntos del pasado se quedarían en él y bajo ningún concepto se mencionarían fuera.
Tras otra calada y un sorbo al whisky del vaso de Mr Jones, Mary prosiguió.
─Tu lo has dicho, fuera, mira dónde estamos─ hizo un gesto con los dedos señalando la estancia.─ En fin, necesito saber trapos sucios del presidente Smith, Michael Smith.
Brad echó la cabeza atrás para soltar una fuerte carcajada, no se podía creer lo que estaba oyendo. Sin duda, su "amiga" había perdido el seso que le quedaba. Trató de recomponerse diciendo ─¿Trapos sucios? ¿Para qué quieres trapos sucios?
─¿Acaso yo te pregunté para qué querías hacer desaparecer a tu esposa?
El adinerado hombre se revolvió en su sitio y posando el dedo índice sobre sus labios, le mandó callar.
─Tranquilo─ susurró ella, risueña. Se bebió el contenido restante del vaso y prosiguió.─ Ha llegado a mis oídos cierta información sobre cómo consiguió Smith llegar a su puesto. Y también he oído que al no tener familia todo su patrimonio pasaría directamente al banco.
─Sí ¿Y?
─Como sabrás mi hermano mayor ocupa un alto cargo ahí, y por lo tanto tiene bastante poder. Nadie se percataría de la ausencia de unos cuantos miles... ¿Crees que el océano reclamaría la devolución de un par de gotas de agua?
Cuando Brad comenzó a atar cabos, sus ojos casi se le salieron de sus órbitas.
─¡¿Pretendes matar al presidente?!
La mujer se pintó los labios sacando un diminuto espejo de su bolso y se levantó de la silla.
─No, querido Brad... Si se descubriera esa información de la que te hablo, acabaría en prisión, y económicamente eso es igual que si estuviera muerto. Siempre y cuando esa información fuese suficientemente negativa. Los millonarios tienden a evadir la ley, pero... ¿Qué pensaría la gente de su queridísimo presidente si descubrieran la verdad? He oído que murió gente... Dudo mucho que le condenaran a muerte, pero cadena perpetua...
Se dirigió a la puerta, y cuando iba a cerrarla tras de sí, dijo. ─Ah, y si alguien se entera de esto, ya sabes...─ concluyó pasándose el dedo pulgar por el cuello.


Alex Dean.

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