Quisiera ver el vuelo del gorrión enmarcado en la pintura del viento, poder sanar el hálito iracundo de la noche abrazada a los suspiros. Quisiera ser ardiente centinela rendirme a aquellos versos de Mandelstam arropado en el lecho del abismo, amarrado a mi grito y mi condena. Quisiera consumirme en esas llamas que adoran a los tan oscuros ídolos, perderme en la niebla de negro cobre, suturar la herida de lo mundano. Quisiera abrazarme a lo sempiterno, evocar el néctar de la poesía, claudicar al fin, en pos de mis sombras, ser hijo del destello que no cesa.
Hacia el ardiente naufragio cabalga mi fatua alma, las lágrimas ya no brotan toda luz yace apagada. Sólo queda el canto oscuro de las nanas que no callan empujando mi Destino hacia un día sin su alba ¿Tornarás alguna vez fiero y brillante mañana a entonar en mi nombre alguna hermosa palabra? Navegando en este mar se escapan mis esperanzas hacia el horizonte incierto donde cesen mis andanzas. Poema inédito de mi libro Romancero del Príncipe