Hacia el ardiente naufragio cabalga mi fatua alma, las lágrimas ya no brotan toda luz yace apagada. Sólo queda el canto oscuro de las nanas que no callan empujando mi Destino hacia un día sin su alba ¿Tornarás alguna vez fiero y brillante mañana a entonar en mi nombre alguna hermosa palabra? Navegando en este mar se escapan mis esperanzas hacia el horizonte incierto donde cesen mis andanzas. Poema inédito de mi libro Romancero del Príncipe
Va perdiéndose la aurora en mis cálidos ensueños, la tristeza se asoma en cada uno de mis versos. Llora y llora la mañana al perderse sus luceros como el niño de la aljama empujado al destierro. Siempre he amado el ocaso sus colores parturientos tiñen mi cabello áureo de un tinte somnoliento. Son los días las cenizas viene la noche a mi encuentro, todo pasa y la vida es un rápido aleteo. El álamo un día erguido ahora es solo un recuerdo, su grandeza se ha rendido al hálito de su tiempo. Una libélula negra sobrevuela mi desierto con sus alas ella espera que cese el rabioso viento. La marea ha despertado se acerca el fin certero y la tierra ha invocado al ardor, su sino incierto.