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Adagio

Quisiera ver el vuelo del gorrión 
enmarcado en la pintura del viento,
poder sanar el hálito iracundo 
de la noche abrazada a los suspiros.

Quisiera ser ardiente centinela 
rendirme a aquellos versos de Mandelstam 
arropado en el lecho del abismo,
amarrado a mi grito y mi condena.

Quisiera consumirme en esas llamas
que adoran a los tan oscuros ídolos,
perderme en la niebla de negro cobre,
suturar la herida de lo mundano.

Quisiera abrazarme a lo sempiterno,
evocar el néctar de la poesía,
claudicar al fin, en pos de mis sombras,
ser hijo del destello que no cesa.

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