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Ardiente Naufragio

Hacia el ardiente naufragio
cabalga mi fatua alma,
las lágrimas ya no brotan
toda luz yace apagada.
Sólo queda el canto oscuro
de las nanas que no callan
empujando mi Destino
hacia un día sin su alba
¿Tornarás alguna vez
fiero y brillante mañana
a entonar en mi nombre
alguna hermosa palabra?
Navegando en este mar
se escapan mis esperanzas
hacia el horizonte incierto
donde cesen mis andanzas. 

                                                                
                                                       
  Poema inédito de mi libro Romancero del Príncipe

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Libélulas Negras

Va perdiéndose la aurora en mis cálidos ensueños, la tristeza se asoma en cada uno de mis versos. Llora y llora la mañana al perderse sus luceros como el niño de la aljama  empujado al destierro. Siempre he amado el ocaso sus colores parturientos tiñen mi cabello áureo  de un tinte somnoliento. Son los días las cenizas viene la noche a mi encuentro, todo pasa y la vida es un rápido aleteo. El álamo un día erguido  ahora es solo un recuerdo, su grandeza se ha rendido al hálito de su tiempo. Una libélula negra sobrevuela mi desierto con sus alas ella espera que cese el rabioso viento. La marea ha despertado se acerca el fin certero y la tierra ha invocado  al ardor, su sino incierto.

Adagio

Quisiera ver el vuelo del gorrión  enmarcado en la pintura del viento, poder sanar el hálito iracundo  de la noche abrazada a los suspiros. Quisiera ser ardiente centinela  rendirme a aquellos versos de Mandelstam  arropado en el lecho del abismo, amarrado a mi grito y mi condena. Quisiera consumirme en esas llamas que adoran a los tan oscuros ídolos, perderme en la niebla de negro cobre, suturar la herida de lo mundano. Quisiera abrazarme a lo sempiterno, evocar el néctar de la poesía, claudicar al fin, en pos de mis sombras, ser hijo del destello que no cesa.