Escuché una melodía,
esbelta, de tanta gracia dueña,
la perseguí con mi alma,
que en las noches te sueña.
No era una de esas nanas
que de niño tu madre cantaba
tampoco era un soneto,
que de joven declamabas.
Era el fulgor de un aliento
cálido como la tarde vespertina
que en verano se muestra sin miedo,
sin miedo a la mañana dormida.
¡Oh dulce melodía vuelve a sonar!
Permíteme de tu ensueño descansar
dile a las voces que paren
de por tí las campanas tronar.
Son esas voces que no tardan
en tu nombre a cada instante susurrar,
no las quiero obedecer,
sólo tu nombre oírles alabar.
Seré como un sonámbulo,
al que nadie quiere despertar,
seré esa mañana fría
que solo el calor sabe aliviar.
Y esa melodía tuya
como un poema recitaré,
las palabras serán quienes guíen,
el camino que como poeta seguiré.
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